Una de tantos...


Por si alguien no entiende otras lenguas (y no penséis mal), lo que reza la foto es aquello que se puso de moda en los noventa de menos es más, y hablamdo de enfermedades neurodegenerativas estoy completamente de acuerdo. Menos sobre el papel. Más en la realidad que vivimos los pacientes (que no enfermos, porque eso engloba a demasiadas patologías).



¿Entonces qué? ¿Qué somos? ¿Dónde nos agrupamos? No siempre estoy de acuerdo con mi neuróloga, pero sí suelo estarlo con mi neuropsicóloga, sus ayudas y sus tests. Aunque ahora que nadie me lee, y menos aún me escucha, me entiende mucho mejor esta última aunque solo sea porque me ve cada semana y por lo tanto sabe mejor cómo estoy con solo verme la cara. Entonces, ¿dónde nos agrupamos? Igual solo en aquellas personas que necesitamos ayuda de profesionales específicos para lo que nuestras neuronas necesitan, es decir, sus circuitos tan especialistos a los que les afectan tanto el frío como el calor (dependiendo de cada uno), sus señales tan complicadas como para no entender cómo llevar la información necesaria a una mano, un pie, un párpado o todo a la vez. ¿Os imáginais un tic en el párpado incapaz de controlar mientras una pierna tiempla y un brazo quema como si estuviera en un incendio? Esos somos nosotros, muchos quizá no en ese nivel, pero pueden llegar o no... ¿dónde estaría la gracia si no?

Sí, sonrío porque me imagino ese cuadro que a veces me ha pasado, y es imposible no hacerlo, pero recordar la expresión de mi pareja (pobre, veinte años ya aguantándolo) no es para sonréir lo más mínimo. ¿Pero qué sería de mí sin estas sonrillas  a esondidas por no tirarme de la ventana más cercana? Pero espérate, ¡qué igual hasta vuelo! De cosas extrañas ya sé un rato.

Muchos, por esto o precisamente por lo contrario, no entienden que pueda sufrir gratuitamente con el fútbol. Llámalo fútbol o cualquir deporte, afición o vete a saber qué. El caso es que gracias a Dios, en mi otra vida, aquella en la que pude vivir sin sintomas más o menos discapacitantes, ser fisioterapeuta de un equipo más o menos importante de fútbol, disfrutar de quedadas durante partidos en las que venía gente de diferentes partes del país, incluidas las muy alejadas y donde no se entiende que su afición fuera por un equipo no perteneciente al de la provincia de la que acudían. Sea como sea, conocía a grandes personas, con las que compartí aficiones, sentimientos, empatía y sentimientos, al fin y al cabo, que no encontré en muchas de las personas más cercanas físicamente y con compatibilidad sanguínea.




Al final me sentía y siento, como esta corrinte de agua que se golpea con las rocas por cualquier lado por el que vaya, y que sea cual sea la dirección, no hay escapatoria. Quien se quede a mi lado, debe saber que los golpes están en el camino siempre y tendrá que aguantarlos. De ocurrir lo contrario no hay especio en mi corriente y no tendré ningún reparo en construir una valla bien alta y fuerte imposible de derribar. Quien se apunte sentirá las curvas, la soledad en las zonas más rocosas y la alegría menos incomprensible en los momentos menos esperados.

Soy una de tantos, pero ninguno de esos tantos es como yo, así que ya sabéis, agarraros que el viaje va a ser movidito.


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