#CaféTabú


¿Plan de viernes?
¿Experiencia diferente?
Si las tiendas eróticas no deberían ser un #Tabú, el #CaféTabú del día de los enamorados tampoco debería, así que... tampoco lo fue con el aforo más que completo.

Montañas rusas



Sí. Así es, queramos o no. Lo intentemos con todas nuestras fuerzas o no. Trabajándolas o no... las emociones son como una montaña rusa y sin el cómo. Pero sí hay algo que nos cuesta ver cuando estamos abajo y no tenemos ninguna duda cuando estamos arriba, es que hay muchas que conseguimos aceptar en lo más alto y nos negamos a hacerlo en la posición más baja; reconocer lo que hacemos bien o mal sin echar la culpa a lo ajeno que no depende de nosotros.

Más, siEMpre más.



¿Por qué no pedirnos más, siEMpre más? Pero no solo por sufrir em, sino con cualquier enfermedad, siempre debemos pedirnos más. Sin presión ni agobios, solo como objetivo. ¿Lo probamos? Os explico cómo lo que tengo en mente...

El fantasma de las Navidades pasadas.


Hoy os traigo mi versión de El fantasma de las Navidades pasadas. Alejada del personaje y la novela de Charles Dickens, mi fantasma de las Navidades pasadas es nuestra gran querida amiga no invitada; la em. En la actualidad, tras trece años después de su presentación en un frío noviembre del P.Vasco, tuve —y aún tengo— que aceptarla como se hace con el hijo de unos amigos de tus padres. Todos tenéis alguno de esos, ¿no? Poco a poco vas indagando en esa relación; lo que opinen los demás, cómo te sientes tú con ella, si es necesaria darla de lado o cogerla de la mano... Ya me entendéis; «ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio».

Aprender... SiEMpre


Así, como este pequeño elefante aprende lo que el mayor le enseña, los #escleróticos lo hacemos no siempre tan pequeños; per sí a base de errores y miedos superados...

ENTREsijos...


Siempre la misma historieta de la enfermedad..., siempre echándole la culpa a la enfermedad..., siempre, siempre, como si quien hablara pudiera sentirla durante aunque fuera, solo cinco minutos ...

Instinto


Muletas. Bastones. Pasos. Camino... ¿no es eso el instinto? ¿El defenderse jugando la mejor partida con las cartas que te da la vida? Instantes, que aún sin darnos cuenta, forjan tanto cada paso como cada una de nuestras huellas... ¿Dejamos unas difíciles de olvidar?

Las huellas no para que los demás las sigan. Eso es gratificante, pero insuficiente si no ayuda a mirar alrededor con una sonrisa. Con una fuerza que te impulse a continuar. Es eso lo que hace encontrar el camino. El instinto de supervivencia. Ese que solo se cimenta en sumas y escasas restas. Ese que demuestra más de lo que uno cree. Ese que se sabe dónde empieza pero no se pone un final, ya que es desconocido y siempre mucho mejor de lo que podemos imaginar. 

Se necesitan momentos de soledad. De no escuchar opiniones positivas pero ya demasiado manidas e impersonales, consiguiendo lo contrario de lo que se proponen. 
¿Culpa de alguien? No.
Solo es la vida en su idioma que no tiene lenguaje conocido pero sí imprescindible. Del que no sabemos el por qué, pero está ahí. Invisible a cada paso, pero si sabemos sentirlo nos empuja hacia delante. Siempre hacia delante. Porque ¿qué sentido tiene ir hacia atrás? ¿Volver a la zona de confort? ¿Lo ya vivido? ¿Los mismos errores y las mismas alegrías? No, no me parece buen plan.Más cuando por delante hay miles de posibilidades distintas. Posibilidades en las que el instinto nos dirá si lanzarnos o no a la piscina. 

Yo sé nadar, ¿y vosotros?

Incluso bucear si es preciso, porque no nos engañemos... fácil, lo que es fácil, no nos lo va a poner. Nada que merezca la pena lo es, y vivir merece mucho la pena. Nadando. Buceando. Caminando. En una silla. Con un andador. A trompicones. Pero siempre en línea recta. Solo las opiniones de los que nos interesan deben prevalecer porque ¿qué más dan las de aquellos que se valen solo de lo que ven?
«Pero si eres muy joven? ¿Pero seguro que no tiene cura? ¿Has preguntado más opiniones o visto a más médicos?» No,me encanta estar jubilada con mi edad y no poder hacer una actividad —sea cual sea— más de o 30-40 minutos. Era mi plan de vida, dejar un trabajo y una profesión que amaba por una enfermedad que me dio la incapacidad absoluta. De ser justos, me dio muchas cosas buenas. Como poder ver la vida desde una perspectiva que con cuarenta horas a la semana trabajando, guardias de doce horas y tarjeta de fichar siempre en el bolso, no te dejaban ver más allá. Ver todo lo que la vida, si aprendes a mirarla a los ojos te muestra.

¿Lo intentamos? Creedme que es gratificante. No hace falta tener un nombre conocido para que te lo enseñe, eso son solo complementos. Lo realmente importante está dentro de cada uno de nosotros.