Un solo segundo


 Me voy a la cama como otra noche más desde que llegué a mi nuevo centro de trabajo a 400km de casa. Tras haber cenado y visto la televisión un rato, el silencio me envuelve entre las sábanas y caigo en un profundo sueño hasta que las ganas de ir al baño me despiertan. Intento abrir los ojos, lo hago, aunque no sin esfuerzo. Me siento lejos del calor de la cama y al ponerme en pie me caigo al suelo. Cuando consigo levantarme, enseguida pienso en lo dormida que sigo aún para no tenerme en pie, llego a la puerta (ni a un metro de la cama) y comienzo a tambalearme... Tanto, que opto por ir arrastrándome por las paredes hasta alcanzar el baño. De vuelta a la cama, el mismo plan. No lo pienso. ¿Para qué? No me duele nada, solo será que sigo en fase R.E.M...

Prioridades.

Sí. Un verano diferente. Un año diferente, tan bonito que parecía el 2020 y ahora, en septiembre, tras olas alejadas del mar, se habla de desescalada y mascarilllas. Como paciente crónico y #neuroatípico, el confinamiento no fue diferente a mis cinco meses en el hospital y la consiguiente desescalada tras el alta. Por lo que la mía fue aprendida hace tres años tras un buen tortazo con la mano abierta... Así que he optado por hacer lo mismo que en aquel entonces, pero con algo más de cabeza y fuerza (a pesar de quedarme sin vacaciones y sin las consiguientes quejas que veo, oigo y leo allá por donde miro...).

Marea.




Playita. Mar. Arena. Sol... y brotes. ¡Vaya water party estoy hecha! No, ya en serio. Los dichosos brotes y el tortuoso virus, van a hacer del verano de 2020, uno muy, pero que muy especial.
¿Ir a la playa con mascarilla? Planazo de look.

¿Mirar mal a la gente que no lleva mascarilla? Pues lo siento, pero mi tratamiento inmunosupresor así lo requiere, y así llama más la atención, más en estos momentos en los que las miradas dan a conocer más que las sonrisas o ausencia de ellas bajo la mascarilla.
A mí en concreto, me agobia más la razón por la que llevar mascarilla que la propia mascarilla en sí. El problema de enfentrarnos a nuestros demonios es que a veces ellos ganan, ¿y qué mejor armadura para que no ganen en nuestro enfrentamiento, que llevar puesto un nuevo complemento chic?

Cuando todo parece oler a mentiras, la marea se retira y deja al descubierto el fondo del mar. Según cada uno, este tiene solo chinitas, para otros arena mojada y para un tercer grupo, grandes piedras resvaladizas para que nuestras nalgas sientan de cerca su duro apoyo al caer.
A veces nos duele más a nosotros, que al resto del mundo, guarar rencor a todos aquellos que no se rigen por las nuevas normas anormales impuestas por un virus hecho protagonista. Por culpa de quien sea. Porque no es tan fácil encontrar a alguien o algo nuevo para reinventarnos, sino que debemos mirar dentro de nosotros mismos para buscar quiénes somos en realidad, sin buscar culpas ajenas que no sirven de nada. Por lo menos ahora mismo.

Yo era una persona de esas dormidas en su día a día. Creía que con solo tener los ojos abiertos estaba despierta... pero no, hasta que descubrí que es posible hacer todo de otra forma. Otra que nos llena más de vida, experiencias y paisajes que nunca creímos posible poder ver. En una ocasión leí que el Universo recompensa la valentía, así que... ¿Qué valentía tiene hacer siempre lo mismo de cara a los demás o la sociedad, y olvidarnos de lo que de verdad necesitamos cada uno de nosotros? Muchas veces miramos a alguien y creemos saber lo que está pensando, pero pocos de nosotros mismos sabemos ni lo que pensamos de verdad, como para suponer lo que pasa por la cabeza de otros.

El desenlace de todo esto solo llega a través de los años y las experiencias de cada uno, Lo visto a través de nuestros ojos y lo vivido a través de los años. En más de una ocasión, pensamos que con querer a alguien es suficiente, pero en esta vida #neuroatípica, más si cabe, el querer a alguien y ser correspondido no significa que nos hagamos bien. Si de por sí, ya es complicado encontrar un compañer@ de vida, con las piedras de nuestras mochilas esta tarea se complica aún más. Además, pocos suelen hacer lo que les conviene, y de hacerlo, no suele disfrutarse como se debería, porque... si se hace una vez, ¿por qué va a ser la última? Pero sí, esa manía sigue presente en muchos olvidando que en ocasiones, las oportunidades solo ocurren una vez en la vida y hay que disfrutarlas como si no pudiéramos volver a repetirlas.

Lo que nos ocurre a muchos, es que la preocupación se ancló a nosotros en un punto del camino y nos adelantamos al tiempo preocupándonos de lo ue pasará después y cómo arreglarlo. Esa dichosa preocupación que nos impide ver y disfrutar del aquí y ahora.

¿Y vosotros? ¿Vais a disfrutar de este verano aunque sea tan atípico como nuestras vidas llenas de #cronicidad?
Mirad la marea y observad lo que deja a su paso...





















Pensar menos, vivir más.



Una noche en blanco, de sueño y descanso, no de películas mudas con gritos ahogados.
Un miedo recurrente pero que fue olvidado hace años.
Una angustia que se come la cola a falta de ingredientes sólidos que llevarse a sus películas.
Un pensamiento positivo que no ayudaba al ser más fuertes los recuerdos.
¿Cómo se haría en época Covid? ¿Cómo respondería la gente? ¿Y yo?

1, 2, 3, un pasito "pa'trás"...




Vaya imagen frente a nosotros; escalones, escalones y más escalones, cada uno de los cuales se ríe un poco más que el anterior de nuestra #cronicidad. Esa sensación de sentir cómo se consigue dar un paso adelante seguido de 10 pa'trás.

Tenemos múltiples cerraduras, sea por la #EM, la #Fibromialgia, afectaciones de continencia o miles de enfermedades que sería incapaz de reflejar en un simple post. Lo que sí se puede reflejar, o al menos eso intentaré, es cómo no dejar que la soledad, la falta de #empatía, las palabras por quedar bien y el baile de personas que no dejan de entrar y salir en nuestras vidas, afecte hasta un punto que perjudique aún más a nuestra maltrecha salud.Así muchas veces optamos por no decir nada en absoluto, y una bola que creemos imperceptible se convierte en una de billar del mayor peso posible, a la que abrazamos sin darnos cuenta haciendo más pequeñas nuestras sensaciones, nuestros órganos vitales que nos permiten vivir..., porque seamos sinceros, vivir, lo que se dice vivir... nuestra vida es diferente a lo que creíamos de pequeños.

Nuestra realidad, es una virtual, ajena a todo y quizá por eso, o a pesar de eso, está en nuestra mano poder hacerla maravillosa. Lo he dicho más de una vez, y no me cansaré de repetirlo, gracias a mi #EM fui capaz de ver el mundo y mi vida, desde una perspectiva diferente. Una, que parecía mostrarme una  visión desde fuera que nunca había tenido. Me habían enseñado desde pequeña a agradar a los demás, preocuparme por ellos y de mí..., de eso, ya me encargaría si tenía tiempo. ¿Y sabéis qué? No hay tiempo para eso si no lo buscas y te permites un descanso más que necesario y merecido. Tras años tratando a pacientes, aconsejándolos la mejor opción dada su patalogía y estado de salud, me olvidé de cuál sería el consejo que me daría a mí. Cuando cambiaron las tornas y fui yo la que estaba al otro; de la mesa, en una camilla, o en la soledad de las lágrimas, descubrí lo que en relidad me deberían haber enseñado de pequeña o en mi juventud: quererme a mí para poder querer a los demás.

Así que ya sabéis, para ayudar, primero cuidarnos para poder dar lo mejor de nosotros mismos.

















La vida duele...




Gota tras otra golpeaban la ventana con fuerza. Con una que yo no tenía, mi cerebro creía que sí y así lo quería, pero mi cuerpo parecía rebatirlo con sonrisas sarcásticas y llenas de malvadez... ¡Ay esa disociación que tanto me dolía anímicamente!